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Cuando Carlos IV fundó la Ciudad Nueva de Praga, quiso que su centro fuera la plaza que entonces se conocía como Mercado de Ganado. Hoy la llamamos plaza de Carlos. Para subrayar la importancia de este lugar, el rey mandó levantar una torre en el centro de la plaza, donde cada año se exponían las joyas de la coronación, reliquias de santos y tesoros de incalculable valor procedentes del castillo de Karlštejn. Aquella torre ya no existe, pero el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva sigue en pie. Aunque los planes del monarca no llegaron a cumplirse y fue la plaza de Wenceslao la que acabó convirtiéndose en el centro de la ciudad, la plaza de Carlos sigue siendo la más grande de Praga. Mide unos 500 metros de largo y 150 de ancho, y sus dimensiones apenas han variado desde el siglo XIV. |
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La primera mención del Ayuntamiento de la Ciudad Nueva data de 1377, por lo que no es mucho más reciente que el célebre Ayuntamiento de la Ciudad Vieja. Además, conserva dos curiosidades poco habituales en Praga. La primera es un fragmento de cadena que puedes ver en el ala oriental: antiguamente se utilizaban cadenas como esta para cerrar las calles por la noche. La segunda es el patrón del codo de Praga («loket» en checo), una medida de longitud de 59,14 cm que también se conserva en el Ayuntamiento de Hradčany. Eso sí, no podrás examinarlo de cerca: las autoridades ordenaron colocarlo a dos metros del suelo para protegerlo de los vándalos. Solo cuando se comerciaba con paños en la plaza se colocaba una escalera de madera junto al muro del ayuntamiento, para que cualquiera pudiera comprobar si le habían engañado con la medida al comprar. |
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Tras la unificación de las ciudades que formaban Praga, el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva se utilizó como tribunal y prisión. Hoy acoge exposiciones, conciertos y bodas. Durante los meses de verano puedes subir a su torre, de casi 70 metros de altura, y disfrutar de las vistas de la plaza y la Ciudad Nueva. |
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Otro de los edificios más conocidos de la plaza es la Casa de Fausto. Fausto nunca vivió aquí, claro está, pero el nombre quedó ligado al edificio durante siglos y los vecinos procuraban evitarlo. Y no es de extrañar. En el siglo XIV residió aquí el duque de Opava, un apasionado de las ciencias naturales que realizaba todo tipo de experimentos en casa. En tiempos de Rodolfo II, el edificio perteneció al alquimista inglés Edward Kelley (y, muy probablemente, también espía). Y, como si hiciera falta alimentar aún más su mala fama, entre 1740 y 1770 vivió aquí Mladota de Solopysk, otro entusiasta de los experimentos químicos. La casa adquirió su aspecto barroco a través de varias reformas realizadas en el siglo XVIII. |
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Durante un tiempo, la casa quedó vacía. Los vecinos enseñaban a los visitantes un agujero en el techo y contaban que el diablo se había llevado al doctor Fausto precisamente por allí. En el siglo XIX, el edificio albergó una escuela para personas sordomudas. Desde 1904 alberga la farmacia del hospital cercano. |
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En la esquina de la calle Ječná con la plaza de Carlos se encuentran la iglesia de San Ignacio y la antigua residencia jesuita anexa. El conjunto se construyó en el siglo XVII según el proyecto de Carlo Lurago. En los antiguos edificios de los jesuitas funciona hoy un hospital. |
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El edificio neorrenacentista que ocupa la esquina de la calle Resslova y la plaza de Carlos pertenece a la Universidad Técnica Checa. Se construyó en el siglo XIX según el proyecto del arquitecto Ignác Ullmann. Su portada está decorada con las esculturas del Trabajo y la Ciencia, obra de Antonín Popp. |
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