Desde su fundación, Praga ha sido una ciudad multicultural, habitada por distintos pueblos. Las crónicas checas del siglo XII describen prósperos asentamientos judíos a los pies del Castillo de Praga y de Vyšehrad. Sin embargo, los frecuentes ataques obligaron a sus habitantes a buscar un nuevo refugio cerca del camino que conducía al principal vado de Praga. Los judíos solo podían establecerse en una zona estrictamente delimitada para ellos: el gueto. Así nació el Barrio Judío.

Fotografía de la Sinagoga Maisel en el Barrio Judío de Praga

El gueto judío de Praga vivió su época dorada durante el Renacimiento. Por entonces residía allí Mordechai Maisel, un hombre de gran fortuna e influencia que financió la construcción de numerosos edificios, entre ellos el Ayuntamiento Judío y la mayor sinagoga de Praga. También ayudó a escuelas y hospitales y, gracias a su iniciativa y financiación, se adoquinaron todas las calles del Barrio Judío. En esa misma época, el rabino de Praga era Judá Löw ben Bezalel, quien, según la leyenda, creó al Gólem con arcilla.

Con el paso del tiempo, la población del gueto crecía, pero sus límites no cambiaban. Se construyó en todos los espacios libres y se añadieron anexos y nuevas plantas a las viviendas. Las condiciones de higiene eran muy deficientes. En el siglo XVIII, José II de Habsburgo suavizó las restricciones impuestas a los judíos. Sin embargo, la libertad para establecerse fuera del gueto no llegó hasta el siglo XIX, y la plena igualdad de derechos civiles se garantizó en 1867. Las condiciones de vida del barrio no mejoraron con estos cambios: los habitantes más acomodados se marcharon y los más pobres se quedaron.

En 1850, el Barrio Judío de Praga recibió el nombre de Josefov en honor a José II. En 1893, las autoridades municipales aprobaron el plan de saneamiento y remodelación del barrio. Se demolió la mayor parte de los edificios y muchas calles desaparecieron del mapa. En su lugar surgieron nuevos edificios de estilo historicista y modernista, así como nuevas calles y bulevares. Del antiguo barrio se conservaron seis sinagogas, el Antiguo Cementerio Judío y el Ayuntamiento Judío. En 1906 se fundó el Museo Judío de Praga para dar a conocer la historia de los judíos en las tierras checas.

Fotografía de la calle Pařížská en Praga

Tras la ocupación de Praga por las tropas nazis, cerca de 50 000 judíos de la ciudad fueron deportados a campos de concentración. En 1942, empleados de la comunidad judía de Praga promovieron la creación del Museo Judío Central, con la autorización de las autoridades nazis, para preservar objetos de las comunidades judías de Bohemia y Moravia. Esta iniciativa se apoyó en el museo que ya existía desde 1906. Durante la guerra se reunieron en Praga objetos de hogares, sinagogas y escuelas judías. Tras la liberación, apenas quedaban supervivientes que pudieran reclamar los objetos confiscados. Estos fondos se conservan hoy en el Museo Judío de Praga, que alberga una de las colecciones de cultura judía más ricas del mundo. El museo, instalado en las sinagogas, conserva más de 40 000 piezas, entre ellas rollos de la Torá, objetos rituales, utensilios de uso cotidiano y libros. Su biblioteca reúne más de 100 000 volúmenes, entre los que se encuentran numerosos manuscritos valiosos y libros de los primeros tiempos de la imprenta. Puedes consultar los horarios y los precios de las entradas en la web oficial del museo.

Si quieres aprovechar al máximo tu visita a Praga, tienes a tu alcance numerosas actividades y excursiones para conocer la historia, la arquitectura y la cultura de la ciudad. Desde visitas guiadas a pie por la Ciudad Vieja hasta paseos en barco por el río Moldava, puedes descubrir rincones escondidos y monumentos emblemáticos. Consulta una cuidada selección de las mejores experiencias en Praga en la plataforma GetYourGuide y organiza un viaje inolvidable.